El Valle Oscuro

Tras el espejo

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Tras el espejo. -Primera medida precautoria del escritor: observar en cada texto, en cada pasaje, en cada párrafo si el motivo central aparece suficientemente claro. El que quiere expresar algo se halla tan embargado por el motivo que se deja llevar sin reflexionar sobre él. Se está <<con el pensamiento>> demasiado cerca de la intensión y se olvida de decir lo que se quiere decir.

Ninguna corrección es pequeña o baladí como para no realizarla. Entre cien cambios, cada uno aisladamente podrá parecer pueril o pedante, pero juntos pueden determinar un nuevo nivel del texto.

Nunca se ha de ser mezquino con las tachaduras. La extensión es indiferente, y el temor de que lo escrito no sea bastante, pueril. Por eso nada debe tenerse por valioso por el hecho de estar ahí escrito sobre el papel. Cuando muchas frases parecen variaciones de la misma idea, a menudo simplemente significan diferentes tentativas de plasmar algo de lo que el autor aún no es dueño, en cuyo caso debe elegirse la mejor formulación y con ella seguir trabajando. Una de las técnicas del escritor es saber renunciar incluso a ideas fecundas cuando la construcción lo requiere, y a cuya fuerza y plenitud precisamente contribuyen las ideas suprimidas. Igual que en la mesa no se debe comer hasta el último bocado ni beber la copa hasta el fondo. Sería sospechoso de pobreza.

Quien desee evitar los clichés no debe limitarse a las palabras, si no quiere incurrir en vulgar coquetería. La gran prosa francesa del siglo XIX era en esto particularmente susceptible. La palabra aislada raramente resulta banal: también en la música el sonido aislado resiste el abuso. Los clichés más odiosos son más bien uniones de palabras del tipo de las que Karl Kraus puso en la picota: perfectamente construidas y discurridas, como queriendo valer para todos los tiempos. Porque en ellas rumorea el inerte flujo de un lenguaje cansino, lo que sucede cuando el escritor no opone mediante la precisión de la palabra la resistencia debida donde el lenguaje tiende a destacarse. Pero esto no vale sólo para las uniones de palabras, sino hasta para la construcción de formas enteras. Si un dialéctico, pongamos por caso, procediera a remarcar los pasos del pensamiento en su avance comenzando tras cada cesura con un pero, el esquema literario desmentiría el propósito aesquemático del razonamiento.

El fárrago no es ningún bosque sagrado. Siempre es un deber eliminar las dificultades, que sólo surgen de la comodidad de la autocomprensión. No basta distinguir sin más entre la voluntad del escribir en forma densa y adecuada a la profundidad del objeto, la tentación de lo particular y la pretenciosa despreocupación: la insistencia desconfiada siempre es saludable. Quien no quiera precisamente hacer ninguna concesión a la estupidez del sano sentido común, debe evitar adornar estilísticamente ideas que de por sí tiran a la banalidad. Las trivialidades de Locke no justifican el modo críptico de Hamann.

Aun no teniendo más que reparos mínimos contra un trabajo concluido sin importar su extensión, hay que tomarlos en serio como pocas cosas, y ello independientemente de toda atención a la relevancia que pueda tener. La carga afectiva del texto y la vanidad tienden a minimizar todo reparo. Lo que se deja pasar como un escrúpulo menor puede denotar el escaso valor objetivo de la totalidad.

La procesión de Echternach [en que se dan tres pasos adelante y dos saltos hacia atrás] no es la marcha del espíritu del mundo, ni la limitación y la retracción los medios para representar la dialéctica. Ésta  se mueve antes bien entre los extremos, y mediante consecuencias extremas impulsa al pensamiento a lo opuesto en lugar de cualificarlo. La prudencia que prohíbe ir demasiado lejos en una sentencia, casi siempre es un agente del control de la sociedad, y, por tanto, del entontecimiento general.

Escepticismo ante la objeción predilecta de que un texto o una expresión son <<demasiado bellos>>. El respeto por el tema, y aun por el sufrimiento, con frecuencia no hace más que racionalizar el rencor contra aquel a quien le resulta insoportable encontrar en la forma cosificada del lenguaje la huella de lo que los hombres padecen, la huella de la indignidad. El sueño de una existencia sin ignominia, que se afirma en el lenguaje apasionado, cuando se le impide perfilarse en un contenido, debe ser disimuladamente ahogado. El escritor no puede aceptar la distinción entre expresión bella y expresión exacta. Ni debe creerla en el receloso crítico ni tolerarla en sí mismo. Si consigue decir lo que piensa, en ello ya hay belleza. En la expresión, la belleza por la belleza nunca es <<demasiado bella>>, sino ornamental, artificial, odiosa. Pero quien con el pretexto de estar absorto en el tema renuncia a la pureza de la expresión, lo que hace es traicionarlo.

Los textos decorosamente elaborados son como telarañas: consistentes, concéntricos, transparentess, bien trabajados y bien fijados, Capturan todo cuanto por ahí vuela. Las metáforas que fugitivamente pasan por ellos se convierten en nutritiva presa. Hacia ellos acuden todos los materiales. La solidez de una concepción puede juzgarse observando si ésta recurre a demasiadas citas. Cuando el pensamiento a abierto un compartimiento de la realidad, debe penetrar sin violencia del sujeto en el contiguo. Su relación con el objeto se confirma en cuanto otros objetos van cristalizando en torno suyo. Con la luz que enfoca hacia su objeto particular empiezan a brillar otros más.

El escritor se organiza en su texto como lo hace en su propia casa. Igual que con sus papeles, libros y lápices, carpetas, que lleva de un cuarto a otro produciendo cierto desorden, de ese mismo modo se conduce con sus pensamientos. Para él vienen a ser como muebles en los que se acomoda, a gusto o a disgusto. Los acaricia con delicadeza, se sirve de ellos, los revuelve, los cambia de sitio, los deshace. Quien ya no tiene ninguna patria, halla en el escribir su lugar de residencia.Y en él inevitablemente produce, como en su tiempo la familia, desechos y amontonamientos. Pero ya no dispone de desván y le es de sobremanera difícil desprenderse de la escoria. De modo que al tener que estar quitándosela de delante corre el riesgo de acabar llenando sus páginas de ella. La obligación de resistir a la compasión de sí mismo incluye la exigencia técnica de hacer frente con extrema alerta al relajamiento de la tensión intelectual y de eliminar todo cuanto tiende a fijarse como una costra en el trabajo, todo cuanto discurre en el vacío y todo lo que quizá en un estadio anterior se desarrollaba, creándola, en la cálida atmósfera de una charla, pero que ahora queda atrás como algo mustio e insípido. Al final el escritor no podrá ya ni habitar en sus escritos.

 

Theodor Ludwig Wiesengrund Adorno

Mínima Moralia. Reflexiones desde la vida dañada

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El Valle Oscuro

Odio y Amor

               "...este poema que odio

 

tanto como la amo a ella..."

Dereck Walcott, La abundancia

El Valle Oscuro

El Duelo

El espacio ocupado por el quiste (de origen sebáceo), ya está siendo ocupado por otro (del mismo origen) al momento de hacer relación de este relato (espero no redundar). El mencionado quiste (será esta la última vez en que lo mencionaremos) fue extraído en una clínica privada de la ciudad por un afamado cirujano plástico (la fama volátil y pasajera: ¿cuántos de los lectores nunca habrán escuchado hablar de D. M. Cabellovich, el mencionado médico?); que, debemos dejar constancia del hecho, llegó aproximadamente media hora tarde a cumplir sus deberes extirpatorios.

De la sala privada en la que nuestro personaje fue preparado para la operación, fue llevado en camilla por una enfermera ( que por el color de su piel, bien podría haber sido una enferma buscando alguna forma de terminar de pagar su tratamiento) la que (a pesar de lo antes dicho) gozaba de un excelente sentido del humor, el que expresaba de la forma que ahora describiremos.

La camilla (ya lo dijimos, era una clínica privada) no era adecuada para la humanidad de Odysseas Benengeli, sus piernas colgaban cubiertas por una sábana aproximadamente desde la media canilla hacia abajo, lo que a la mencionada enfermera ( Lila era su nombre) le causó demasiada gracia, en cada mesón donde alguna de sus colegas y amigas estaba cumpliendo labores seudoburocráticas, descubría como una mala imitación de Kooperfilgd (el Mago), los pies de Odysseas, que al final del trayecto entre la sala privada y el pabellón, estaban hiperbentilados y bastante avergonzados de un juanete que estaba surgiendo en el pie izquierdo y de otro que ya había alcanzado su esplendor en el derecho.

No es que la camilla mencionada tuviera dimensiones infantiles, por el contrario cualquier Temuconiano promedio se hubiera podido instalar perfectamente en ella (para los fines que estime conveniente), lo que sucedía era que las dimensiones corporales de Odysseas Benengeli eran superiores en muchos sentidos, a las del promedio, y una de las cosas que más molestaba a Odysseas Benengeli era precisamente la injusticia que se cometía al no considerar en los servicios públicos la altura de algunos de nuestros más distinguidos ciudadanos.

Algún tiempo después, y moviendo sus influencias consiguió que la enfermera y el gerente de la clínica fueran removidos de sus cargos (tan removidos que fueron remplazados por otra enfermera menos enfermiza y un gerente que procuró conseguir camillas de dimensiones transatlánticas, que luego ocuparía en muy pocas ocasiones el mismo Odysseas). Una pausa: que el lector no vea en este acto una actitud cruel en nuestro personaje, por el contrario, un fiel apego a principios morales (de una moral muy particular eso sí).

Sigamos con la historia. Luego que D. M. Cabellovich llegó al pabellón, la operación se llevó a cabo sin ningún percance particular y Odysseas Benengeli vino a despertar de la anestesia en su sala privada la que disponía de la confortable vista de un bosquecillo de arrayanes. Esto fue lo primero que pudo visualizar con agrado y perfección al despejarse de los efectos de la anestesia. Muchas cosas pasaron por su mente en ese momento, mientras sentía el parche tirante en el cuello y bajo él tres o cuatro puntos de sutura. Lamentó profundamente no haber traído el libro de Nabokir Vladomov (que extrajo de la colección particular de su pervertido padre), del que recordaba, por extraño paralelismo, el momento en que el personaje (Iván Vano) se recuperaba en una clínica de los efectos de un duelo contra un tenientillo del ejercito. La enfermera que atendía a Iván Vano en su cómoda sala privada era una extraordinaria belleza, y nuestro Odysseas, pensando que el paralelismo continuaría, esperaba que la enfermera que lo cuidaría en su sala privada fuera semejante en belleza a lo que él imaginaba sería en carne, hueso y silicona, la mujer descrita con palabras por Vladomov. Lamentablemente se equivocó, la mujer, era lo menos parecida a la belleza que todos los enfermos del mundo desean que sea su enfermera. La desilusión lo llevó a contemplar la tranquilidad de la brisa que acariciaba suavemente el bosquecillo de arrayanes, y a pensar que todavía le quedaba, al igual que a Vano, el recurso de la fuga. Pidió a la enfermera papel y pluma y se dispuso a escribirle a Kórdula de Pie, que él sabía estaba alojando en su departamento de Pukón.

Tiempo después, gracias a una aventura con Kórdula, pude saber el contenido de la nota (que ella guardaba en una caja fuerte de un banco de las islas Kalimar o Kalamar o Kaimar, etc.). A continuación reproducimos el texto:

 

“Kórdula Querida:

 

Antes que nada, no te alarmes por lo que te voy a decir. Cuando leas estas líneas yo ya estaré bien, y los motivos del sufrimiento ya abran pasado. En un establecimiento nocturno de Temuconia, uno de los pocos que aun conservan su antigua reputación, estaba yo bebiendo un trago que poco a poco se tornaría amargo. A mi lado, un hombre de filudo rostro se reía junto al que pensé podría ser su amante ( un pequeño joven insignificante de rostro muy pálido, quizá demasiado para ser natural y de un pelo muy rubio ...). Lamento tener que decirte esto Kórdula Querida, el hombre se expresaba muy mal de ti, y como tu honor había sido ofendido, me saqué mi guante izquierdo y apliqué en su rostro una bofetada (imaginando que mi guante era un pescado tomado por la cola) invitándolo a un duelo para lavar tu bello nombre. Él eligió el lugar y yo las armas, tu sabes lo bien que manejo la esgrima y le proporcioné a mi oponente la más fina espada, fundida más de mil veces para eliminar toda impureza, muy semejante a la que yo ocupé, teniendo como única diferencia la empuñadura, la que tuve que ampliar para poder tomarla con más comodidad con mi grueso puño.

Como era de esperarse, el infame y descarado llevó como padrino a su pálido “amigo”, a mi me acompañó mi fiel mayordomo (Aurelio es su nombre). El lugar elegido era la cumbre del cerro Ñielolov, la belleza y la tranquilidad del paisaje me aseguraron desde un principio mi triunfo. Debo decirte Kórdula Querida, que mi oponente no resulto ser un principiante en el uso de la espada y el duelo se prolongó por más de quince minutos, primero lo herí levemente en el brazo izquierdo, pero lo suficiente como para ver como su blanca camisa se manchaba de sangre. Incentivado por esto nuestro enemigo contraatacó y me hirió en el cuello a medio centímetro de la yugular, esto le dio demasiada confianza y dejó una parte de su cuerpo desprotejida, ocasión que yo aproveché para atravesar su humanidad y dejarlo tendido de rodillas abrazado de su amante.

Mi mayordomo, demasiado fiel al ver mi herida sangrante me obligó a venir a esta clínica desde donde ahora te escribo, y ese hecho me salvó la vida. En realidad la herida de nuestro enemigo me rozó la yugular y estuve a punto de morir desangrado. Seré atendido por Cabellovich, el cirujano amigo de tu padre, y ya me dirijo a la sala de operaciones. Te ruego que vengas y me saques de este ambiente hospitalicio tan indigno, al salir de la anestesia, te esperaré sin dormir hasta que llegues. Tuyo por siempre,

 

O. A Benengeli

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Tal como esperaba Odysseas, Kórdula desgarró el sobre y de inmediato se dirigió en su limosina hacia Temuconia ha una velocidad vertiginosa, y pensando cuál de sus amantes podría haber sido tan descarado para ponerse a hablar, los datos entregados por su defensor no eran muy precisos ya que por lo menos tres o cuatro de ellos eran bisexuales, esperaría para preguntar más detalles cuando estuvieran juntos.

Cuando llegó Kórdula de Pie, Odysseas esperaba sentado ensayando un rostro dolorido y una mirada febril. Beso suavemente los labios de Kórdula y haciendo un gesto de dolor, se reclinó en la silla. La esperaba ya vestido, no quería pasar un momento más en la clínica. Apoyándose, no muy pesadamente en el hombro de la mujer que no dejaba de mirarlo con admiración, Odysseas huyó de la clínica. Sólo antes de abordar la limosina un guardia lo trató de detener, pero fue abofeteado por Aurelio y el chofer de Kórdula, momento que aprovecharon para irse solos.

Ella llevaba un ajustado vestido blanco, no muy abundante de género, y estratégicamente demostrativo de las cualidades sensuales de su portadora, las incomodidades de las bragas y el sostén no eran necesarias, y la escasa movilidad del cuello de Odysseas le permitía apreciar este detalle con relativa incomodidad.

- Si nos detenemos en el Motel Real estará bien- dijo, sin demostrar la afluencia de sangre a sus zonas erógenas, y digamos también, a la herida del cuello (que aunque no proviniera de un duelo, dolía de igual modo). Ella se limitó a aceptar, mediante un gesto sencillo, casi invisible para alguien poco atento: prender la luz señalizadora del auto y comenzar a frenar.

Como todos los lectores de Temuconia saben, o los que algunas vez han venido a tener aventuras por estas tierras, el Motel Real se encuentra en la salida sur de la gran metrópolis histórica y desde tiempos inmemoriales, la familia de Odysseas tiene acceso sin restricciones a sus habitaciones. Ya dentro de una de éstas se dirigieron a la cama rodeada de espejos.

- Kórdula Querida, te ruego me permitas, mientras dura mi convalecencia, que yo me gane abajo- y ella, nuevamente en silencio, respondió quitándose el vestido y montándose sobre el largo cuerpo de Odysseas que ya presentaba una notoria erección. Con el más pequeño de sus dedos, Kórdula acarició los contornos de la herida cubierta con gasa blanca, y rasguñó suavemente la piel irritada de Odysseas que rodeaba a su boca.

- Se lo mucho que te gusta mi barba Querida, pero lamentablemente he debido afeitarme por la operación, te aseguro que en cuanto me quiten los puntos me la dejaré crecer nuevamente. Ahora hagamos el amor.

Muy temprano en la mañana continuaron el viaje hacia Pukón, donde Aurelio el mayordomo y el celoso chofer de Kórdula los esperaban.

El Valle Oscuro

Tu Ausencia

Toda ausencia

viene de palabras que no se dicen.

El Valle Oscuro

De la Nave de los Locos

Basado en un texto de Cristina Peri Rossi

 

DE LO QUE DIJO EL REY AL SUBIR A LA NAVE


Viejos reyes.

Enamorados de sus hijas.

Se plantean enigmas de difícil solución.

Ellos mismos, enamorados.

Sin saber la respuesta.

Mueren degollados.

Viejos reyes.

En noches de delirio.

Antes de morir degollados.

Confunden el nombre de la reina o de la hija.

¿ Cuál es el mayor tributo,

el homenaje,

que un hombre puede hacer a la mujer que ama ?-

se pregunta el rey,

severamente.

 

DE COMO LO ESCUCHO UN LOCO DE LA NAVE


Viejos poetas.

Enamorados de sus hijas.

Recitan textos enigmáticos.

Ni ellos, enamorados, logran descifrarlos.

Viejos poetas.

En noches de delirio.

Antes de morir degollados.

Confunden el nombre de la esperanza y de su hija.

¿A quién hacer el tributo

ahora,

a quién rendirá el homenaje el hombre que ama?-

se pregunta el poeta,

severamente.

 

DEL CAPITAN QUE COMENTA LO QUE ESCUCHO AL LOCO


Viejos locos.

Enamorados de sus hijas.

Hablan incoherencias.

Que ni ellos mismos, obsesivos, logran entender.

Viejos locos.

En noches de delirio.

Antes de morir degollados.

Confunden su nombre o el de su hija.

¿ Cuál es el mayor tributo,

el homenaje

que un hombre enamorado de sí mismo puede hacerse ?-

se pregunta el loco,

severamente.

 

DE LA HIJA EN LA ORILLA QUE MIRA LA NAVE ALEJARSE


La hija.

Olvidada en la orilla.

Mira la nave alejarse.

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El Valle Oscuro

Siete Palomas Volando

 

Luego,

una paloma perseguida por siete verdugos,

una paloma perseguida por siete águilas.

Y la paloma

perseguida por siete águilas

al abrir el pico,

dijo brevemente,

porque era perseguida por siete águilas:

 

Mejor es el polvo que el águila

ya que este puede volar sin alas.

 

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El Valle Oscuro

Como de Cenizas

Sentado en un bar

frente a un jarro de chiconbla y dos vasos

después de un largo día de trabajo,

es, al parecer, la única forma

en que dos amigos pueden hablar

del suicidio de un tercero

al que no han visto

desde aquellos

felices tiempos de antes.

 

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El Valle Oscuro

Esta Noche

"pero dame una sola mujer verdaderamente viva

esta noche

caminando en la oscuridad hacia mí

 

y te podrás quedar con todos los poemas"

 

Charles Bukowski

Esta Noche

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El Valle Oscuro

La confrontación de egoísmos

“Eran demasiado voluminos, demasiado

pesados y demasiado realistas. Habían visto, en tiempos, que den-

tro del mundo había un segundo universo, pero habían perdido su

capacidad de maravillarse y de imaginar.”

Orhan Pamuk

 

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    Creo que es el mismo Pamuk el que dice que a los adultos nos cuesta reconocer nuestro egoísmo.

Los egoístas de los que habla Pamuk, lo son, sin embargo, por olvido: el olvido de sí mismos. Ese volumen, esa pesadez y ese realismo son una forma de manifestación del egoísmo fundada en los deseos y pulsiones de la sociedad que se transforman en lastre para los individuos. Los voluminosos son aquellos que arrastran sus bienes por el mundo y que asociamos con la acumulación material, los pesados son aquellos que arrastran su supuesta superioridad y son egoístas con el supuestamente inferior-diferente. Los realistas son simplemente aquellos que se han dejado poseer por la indiferencia.

    Todos ellos son los egoístas por la sociedad, por el olvido de sí mismos, porque la sociedad los obliga a separarse de lo que realmente quieren ser, sin darse cuenta. Es decir, son unos alienados. Su relación con el volumen, con la pesadez y con el realismo está definida por sus destinos incontrolables.

    Pero, ¿qué pasa con aquellos que tiene su Valle Oscuro? ¿Los que tienen su segundo universo? Aclaremos este punto en primer lugar. El Valle Oscuro, que se asemeja mucho a esta idea que ahora encuentro en Pamuk, es un lugar donde el individuo tiene una existencia auténtica o Zoa. El primero que habla de ese Valle Oscuro y de la existencia auténtica en ese lugar es William Blake, el segundo es Kenzaburo Oé (aclaración erúdita que dejo sólo como referencia).

Ahora, lo que yo llamo existencia auténtica, es la vida en el Valle Oscuro, es decir, una vida basada en deseos y pulsiones propias que contradicen abiertamente las de la sociedad. Todos cuando niños vivimos en ese Valle, todos en algún momento de nuestras vidas lo abandonamos. Algunos pueden entrar y salir de él, llevados o traídos contra su voluntad por el dolor, algunos quieren permanecer en él, otros sólo quieren huir de ahí.

    Yo creo haber sido traído de vuelta a mi Valle Oscuro por dos personas y por dos situaciones. La primera es la existencia de una princesa extraterrestre que me abdujo hacia el Valle Oscuro. En realidad, es el dolor de su ausencia el que me trajo de regreso. Si pensamos en esto podemos ver que somos forzados a rechazar nuestra Zoa a través del dolor, y ciertas formas de dolor nos pueden llevar a asumirla nuevamente.

La segunda persona es mi hijo mayor, que tiene ya ocho años. Observo como él vive todavía el Valle Oscuro, observo en él esa tensión, infantil, esa confrontación con el mundo: con la escuela, con los adultos, con las órdenes, con los plazos; y se que un día tendrá que abandonar su actual existencia. Respecto a mis expectativas para él en este ámbito, no las tengo. Creo más bien que el permanecer en la autenticidad o el dejarse llevar por la alienación es parte de su destino incontrolable.

Ahora, una persona, incluso un niño, que vive todavía una existencia auténtica, es inevitablemente un egoísta, pero un egoísta auténtico. Con esto quiero decir que su egoísmo se manifiesta contra los deseos de la sociedad. Yo creo que mi egoísmo en la actualidad es un egoísmo auténtico, una manifestación de mi Zoa.

Debo explicar, entonces, qué sucede cuando el egoísmo de la sociedad se confronta contra el egoismo auténtico. En primer lugar, Pamuk tiene razón: nadie reconoce su propio egoísmo y por tanto siempre se considera como culpable al otro: el egoísta siempre es el otro. En segundo lugar, la confrontación de egoísmos produce dolor: es la sociedad la que fuerza al individuo a abandonarse a sí mismo y su Zoa; es el individuo el que abandona la sociedad por buscar su autenticidad ( y en  el proceso, produce dolor a esos seres humanos voluminosos, pesados y reales que intenta dejar atrás).

El egoísmo de ella es un egoísmo del mundo. Es un egoísmo que rechaza, es un egoísmo indiferente.

El mío es un egoísmo que surge del dolor.

 

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El Valle Oscuro

Manifestación de lo que es

La tristeza se manifiesta.

La tristeza es

ir pensando que tu vida es otra cosa

cuando vas caminando por la calle.

Cuando lo único que puedes hacer

es ir caminando por la calle.

 

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